Volvió. Y nunca llegaré a entender por qué se había ido,
pero ahora ya no importaba. Volver a estrecharla entre mis brazos me hacía
olvidarme de todo, de su error y de mi cobardía. Yo debería haber corrido
detrás de ella y no lo hice, por lo tanto ambos teníamos parte de culpa.
¿Conseguiría de verdad no volver a hablar del tema y actuar como si nada
hubiera pasado? Y ella, ¿podría mirarme sin reprocharse a sí misma lo que hizo?
- Hola, soy yo, estoy aquí. ¿Empezamos de nuevo?
- Te quiero.
- Yo más.
Y para qué mentirme, ahora con eso me bastaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario