Un pie, luego otro. Estos zapatos la están matando. Se los ha quitado durante un rato, pero no es de buena educación ir por ahí descalza. Canapés, vino, jamón. Sinceramente está harta de este tipo de vida. Si por ella fuera cogería un avión al Polo Norte. Se alejaría de la civilización durante un tiempo. Tiene que ser tan reconfortante esa sensación de saber que nadie te dirá qué debes hacer, poder decidir por ti misma. Levantarte por la mañana y ponerte unas deportivas y una camiseta con una mancha de tomate de la cena del día anterior. Nadie te va a mirar, ni a juzgar.
Pero esa no es su realidad, ella no puede hacer eso. Perfecta. Así le obligan a estar siempre. No vaya a ser que dé una mala imagen. Siempre dicen que el lugar donde naces y las circunstancias, condicionan tu vida. Eso es exactamente lo que le pasa a ella.
Un nuevo trabajo, mudarse de su humilde y cálido hogar. Siete baños. ¿Para qué? Si sólo son cuatro. Necesitar un abrazo y tener que recorrer la casa entera, de forma que por el camino se te quitan las ganas.
Un nuevo colegio, uniforme selecto, corbata perfecta y una chica normal. Pero sólo una. A veces es difícil no encajar. Su hermana lo ha hecho a la perfección, no se parecen en nada. El pelo, las uñas, pestañas con rímel. Y allí está ella. Todas las mañanas se lava la cara con jabón, al natural. Su cepillo de madera deja su pelo liso, y se lo recoge en una coleta cuando llueve. Ya no cogen el autobús, ahora les lleva el chófer. Las chicas saben fingir, en el fondo a casi nadie le cae bien pero son la nueva familia, la de la piscina en el jardín y tres interminables plantas. Hay que acercarse a ellas.
Papá y su nueva mujer son importantes, y ella lo sabe, pero no le gusta que eso haya condicionado su vida. Al fin y al cabo sólo le queda un año más y desaparecerá de allí. Su nueva situación económica permite que se vaya fuera a estudiar. Quizás a Inglaterra, o Estados Unidos. Eso es lo de menos, lo más lejos posible.
Una maleta y una bolsa. No lleva más. No sabe si volverá, quizás no. Un avión llamado libertad. Se acabaron las falsas sonrisas, los saludos de cortesía. A partir de ahora ella decide si va o no, si saluda o no. Por primera vez en mucho tiempo podrá ser ella misma.
Un pie, luego otro. No mires atrás, nadie te echará en falta.
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